lunes, 7 de abril de 2008

Mil papeles

J.G. Val Miñor


El juez pide más papeles, ahora a la Benemérita y a los redactores del PGOM de Nigrán, para ver qué pasó con el documento abortado, si es que pasó algo realmente o algo de lo que parece haber pasado se puede probar, o no hay forma de evitar que se pruebe y el magistrado acaba viéndose obligado a trincar al alcalde por tráfico de influencias ante la denuncia de la fiscalía.

A los hombres del tricornio les pide el auto del magistrado que estudien si se pretendían beneficios abusivos con las operaciones de compraventa de fincas adquiridas por gente o empresas cuyos accionistas compartían con Millares consejo de administración celtiña; y que comparen su tratamiento en cuanto a edificabilidad en las normas en vigor en 2001 respecto al Plan que en Junio los vecinos de Nigrán tiraron abajo pese al empecinamiento del mandatario en aprobarlo hasta ultimísima hora. Millares se lo quería meter aunque le diesen de ostias allí mismo unos quinientos vecinos a los que dijo que no representaban a los diecisiete mil restantes que viven en Nigrán, porque para él todos aquellos que no estaban allí rompiéndole los cristales del consistorio, tirándole huevos y amenazándolo con colgarlo por los cataplines acusándole de trapicheo público, de ignominia, es que estaban con él.

A los redactores del Plan les pregunta el juez por si había plan detrás del Plan, que les confirmen si recibieron, o no, presiones del alcalde o de algunos miembros de su gobierno a la hora de poner en negro sobre blanco el documento urbanístico. Esperar que alguno de los arquitectos o urbanistas del equipo redactor vaya a decirle al magistrado que les presionó Millares es mucho esperar, es de un romanticismo de pubertad que ablanda. Aunque lo es más que el acusado sea Avelino Fernández que estaba marginado del proceso y que se pasó el mandato en Canarias rompiendo el aparato en un embobamiento amoroso con una lolita isleña, en lucha desigual contra su decrepitud que ya la tiene a la vuelta de la esquina por mucho gimnasio, jogging y agua que ingiera, sin saber que la juventud eterna está en el alma y para entrenarla hay que hacer justo lo contrario de lo que hace.

Que fuera Quintas el presionador, que todo lleva a que se dejó querer por el regidor y no era más que un subalterno con número en el colegio de arquitectos provincial, como que tampoco se acaba de ver. Que lo fuese mi amigo Antonio Fernández, el primero y único en desmarcarse con rotundidad del gobierno el día del intento de aprobación plenaria del PGOM, pues lo mismo, no me cuadra. Me queda Pepe Comesaña, ese buen hombre cargado de inocencia y vejez del que se atrevió un día Millares a darle un consejo: “Pepe, a los hombres nos han dado los ojos para mirar hacia delante”, cuando este había sufrido la pérdida de un familiar y arrastraba su llanto cabizbajo por el pueblo.

Pero nunca se sabe y puede resultar que después de estudiar los mil papeles el juez concluya que Millares es un político transparente; que Avelino tiene alma para llorar por alguien y que Pepe Comesaña se ha estado haciendo escapadas a las islas afortunadas apurando su premenopausia con una niña a la que el alcalde de Nigrán le había comprado su inocencia poco antes.

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