lunes, 7 de abril de 2008

Isa

J.G. Val Miñor

El jueves pasado, o sea hace un día aunque esta referencia ya verán que es lo de menos, estuve en Capitanía Marítima de Baiona, que creo que es así como se llama a este edificio, porque el PSOE comenzaba su campaña electoral con un premio que llaman Nadal Solidario, que es solidario pero que esta vez al menos fue más de Reyes que de Navidad, aunque repito, lo importante era lo electoral. Carlos de la Peña, que quiere volver a ser el jefe de la villa, honor del que le apearon tras aquella moción de censura del 23/N/04, me parece que regaló 1.500 euros de esos que el Ayuntamiento da como apoyo a los grupos políticos, y se lo llevaron una coral de una parroquia, creo que de Belesar, o Baredo, no me preguntes que siempre las confundo; y Juani, que ese día al fin conocí su nombre ya que su figura la tenía bastante baqueteada de verla todos los días por el palacio consistorial dando la vara y poniendo la cara por los otros –eso afirmó en su discurso Arizaga-, al parecer, cuando mi época dorada y siniestra de reportero comarcal marcada por el hambre: no ganaba ni un duro, si me apuras perdía, o sea más o menos como ahora.

La cuestión es que por allí apareció Isa, Isabel Domínguez, ahora Delegada de Política Territorial, que venía cansada de patear las infraestructuras provinciales. Isa vive en la carretera, y cada día, esto no se lo dije, la encuentro más delgada, como si le fuese consumiendo la vida y su carácter estepario. No tiene don de gentes ni creo que se esfuerce demasiado en ello, y da la impresión que lo primero que hizo al nacer fue cortarse la mano izquierda: es muy directa. Isabel siempre trata de cumplir y yo le correspondo: le dije que iba a sacar una semblanza, aunque sea entre líneas como esta, y lo cumplo y ya está.

Baiona tenía una noche triste y así aparecía desde el balcón de Capitanía. Estaba sola y llena de melancolía, con las luces, las pocas y contadas luces de la ensenada, deambulando sobre las olas, y todo ello envuelto en la neblina de la estacionalización turística. A los pinchos llegaron los padres de Isa, y ella, que estaba fumándose un pitillo asomada a ese paisaje eterno de la muralla de Monte Boi, nos dejó cuando se lo comunicaron para recibirlos.

Los socialistas inauguraron, pues, la campaña electoral, y desde ahora, vamos a tener una serie estudiada, más o menos supongo, de actos con el fin de que cuando llegue la noche del 27 de mayo puedan volver a la alcaldía, y recibir un día sí y otro también, cómo no, a Juani, que ya anunció que los 750 euros se los iba pulir al día siguiente en regalos de reyes para aquellos niños de aquellas familias que tienen tanto o más derecho a ver disfrutar de regalos a sus pequeños y que la suerte, al menos de momento, se lo impide.

Luego, Carlos y su tropa de rojos lugartenientes, y uno un tanto adosado, nos fuimos a tomar un vino y algo sólido a un bar del centro histórico. Isa llegó un poco tarde: se quedó a echar una mano a recoger platos y copas del ágape de Capitanía, porque no fue capaz de darse el abierto y escaquear el bulto como los demás. Isa es una santa que parece que tiene muy mala leche, cuando lo que le pasa, realmente, es que le falta mano izquierda, como dije, y que quiere ser siempre legal y perfecta, y así acabó contribuyendo más que nadie al Nadal Solidario. Esta chica, si llega a tener auque solo fuese un muñón en la extremidad izquierda y no se la hubiese amputado desde el hombro, vendería mucho más y la gente de Baiona estaría más contenta con ella. Isa no es un producto de marketing, es auténtica: viene destrozada de dar más vueltas que una peonza por el tema de Política Territorial y ayuda a recoger, saluda a los padres y aguanta el tirón del Nadal Solidario. La he visto muy delgada, pero con la suficiente mala/buena leche para echar una importante mano a Baiona desde la Xunta, sin maquillaje, sin artilugios, y Carlos, que me espetó que yo era una persona limitada pero que sabía aprovechar mis pocas luces, lo sabe, y está deseando poner a funcionar a tope su conexión con esta mujer que ayer, como la misma villa, estaba triste, nocturna, melancólica: muy Isa.

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