lunes, 7 de abril de 2008

La Baiona submarina

J.G. Val Miñor

El PP ha vuelto a mandar otro cartel del PSOE al agua: el que puso Portos y que impedía pasar y pasear la doca. Estamos construyendo una Baiona submarina variopinta hasta el paroxismo.

Arranca en las ánforas romanas, pasa por las jarras olvidadas y rotas que arrojaban a la ensenada desde los barcos los lúdicos comerciantes de la villa colombina y post colombina en sus noches de vino y rosas –y que vamos a dar sala en el Museo de la Navegación con un par- ; continúa con las vasos que tiramos cuando éramos jóvenes y movida, desde el Fun Board y demás chiringos costeros; y termina, por el momento, con los cartelones recientes de contenido político, es decir, las infografías de la revolución electoral amable de Charlie, y el del organismo autónomo que ha sacado de sus casillas a Don Jesús: baionés siciliano que aparenta tranquilidad pero que lleva un Etna en su interior, y que de vez en cuando nos da unos sustos de muerte y nos mete en unos problemas serios.

Isa pedía revitalizar el Archivo Municipal de Lorenzo de la Carrera, que se encontró tirado, desperdigado y minusvalorado, desimanado por alguna escalera del palacio, cuando llegó allí una vez que Carlos la colocó definitivamente en la línea de salida de la política. Se le quedó atrás reivindicar a mi amiga este otro archivo, el submarino, más inmediato, más visceral, y como tal más nuestro y auténtico, y que ahora puede impulsar en su totalidad desde la Xunta.

Debe evitar, si puede, que Don Jesús muestre este archivo abisal mutilado, ya que el alcaldazo sólo pretende extraer del fondo de nuestro pequeño mar local, catalogar y exponer las piezas colombinas, dejando veladas las copas de la movida, las gomas de Xosé, las infografías líricas de Carlos y el cartel de los rojetes del ente autónomo que ha vuelto a poner de psiquiátrico al jefe Almuiña.

Rafalores asegura que el panel lo ha colocado Portos, temporalmente, para advertir del peligro de la doca tal cual hoy. Pero como hasta ahora a nadie le ha pasado nada, el alcalde cree que la intención real de los socialistas es privatizar un espacio terrestre y acuático de uso público. Y hasta aquí todo bien. Pero lo que no puede Don Jesús es hacer una llamada volcánica e inmediata a Jacinto camino de Santiago, -con el que tenía precisamente una reunión esa misma tarde-, tirar de freno de mano fuera de sí y poner el morro del tequi otra vez hacia Baiona para montar una nueva cruzada en plena erupción interior. Mejor hubiese sido serenarse por el camino, llegar al despacho de Jacinto con una sonrisa, proponer ocupar la mesa, además de con los papeles, con una copa y un aperitivo, y con buen rollito comenzar a dialogar, aclarar, negociar y alcanzar un acuerdo sin necesidad de provocar guerracivilismo.

Pero no, Don Jesús, al que veía más calmado desde que ganó las elecciones, eligió la bronca como herramienta para entenderse, instigando las reacciones más tópicas y vacías. Entonces, la derecha rotunda y básica volvió a enterrar sus carencias bajo las aguas para deleite de las futuras generaciones de arqueólogos; y los rojos dieron una muestra más de la soledad desamparada y el hueco sin fondo en que les dejó Charlie. A estas alturas el que más quiere a Baoina es Xosé. El electricista es el que mejor la entiende entre empalme y empalme. Toca revisar aquella pieza dramática del desaparecido y peculiar Carlos Berlanga: eso no fue amor/ deja de llamarle dolor/ solo traición, traición.

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