J.G. Val Miñor
Los trabajadores de la basura de Gondomar avisan. Irán a una huelga indefinida hasta que los salarios mejoren. Piden al Ayuntamiento que extienda la retribución anual a la concesionaria de lixo, porque de lo contrario Geseco no va a tener pelas para subirles el sueldo. Los obreros buscan la paz social en la villa condal como en Nigrán lo hacen algunos después de levantar al personal, al margen del tanto por cierto de razón que pudo haber en todo ello y de la manipulación de los sentimientos, tan débiles, de los más débiles.
Pero lo duro de todo ello es que hasta la paz, la paz social, tiene un precio, como si lo tuviera realmente. La paz social, como la dignidad, no tienen precio, es algo impagable. Unos la reducen a retirar los tres mil de vellón y otros a que les suban un puñado de maravedíes el sueldo. O eso parece, simplificando. O no, que diría Rajoy.
El valle, mi valle y el de todos, o el de todos y el mío, no va a encontrar la deseada paz social a golpe de euros, puñado arriba/abajo. La paz social llegará por la educación y la formación, que será la que realmente impida atropellos sinfín.
No estaría de más ir devolviendo esa paz social, que no es sino, al final, la simple dignidad, en esta campaña electoral. Que paren las banderitas de ondular, y que se tenga cuidado con los mensajes y la forma de lanzarlos. Cada día más gente, de este valle de lágrimas y de todos los valles y lugares, creo que empezamos a exigir, con contundencia y con respeto, que debemos ser tratados y considerados como seres inteligentes. Escuela, despensa y siete llaves al sepulcro del Cid. Lo demás, como dicen mis niños, es para concluir con eso de “ponte un pin”. O sea, no me sigas vendiendo una moto que hace tiempo que dejó de andar, y que ya va aburriendo.
Al valle llegará un día que no se le gane perdonando tres mil euros o subiendo el sueldo un puñado de maravedíes que pone en circulación Avelino Sierra cuando llega el Primero de Marzo. Cuando La Arribada. Cuando las calles del casco baionés despiden olor a chorizo frito y a vino estragado por el empedrado. Charlie, tú sabes de lo que hablo. Díselo a los que siempre perdemos.
lunes, 7 de abril de 2008
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