lunes, 7 de abril de 2008

Scorsese

J.G. Val Miñor


No está muy claro que las cosas vayan a cambiar en Baiona. Creo que Carlos de la Peña, de ganar la alcaldía el 27, se acordará de Martin Scorsese cuando al recibir su oscar, después de tantos intentos y películas que van a quedar para la inmortalidad, dijo eso de Check double the envelope, please, o sea, repasa dos veces el sobre. A CP puede ser que después de tanto abrazo en el Sabarís del Groba, en el Camiño Chico; después de tanta velita por Navidad, de tanto acto electoral, de tanta misa, de tantos vinos haciendo piña con los suyos y los suyos con él, de ocho años currándoselo desde cero, de secar tantas lágrimas y calles anegadas, después de tanto, Charlie, no te llegue. Aunque todos los que piensan como yo esperamos que ese día de finales de mayo pidas a la Junta Electoral un nuevo recuento.

Lo digo porque todo parece que sigue igual y aparentemente todo está preparado para que vuelvan a gobernar los buenos. No vale que le saques los colores a la Xunta, para pedirle que cumplan la palabra de la Zona Cero. Siempre habrá quien piense que te faltará subirle el sonrojo a los tuyos/tuyos, es decir, a Pesca, a Política Territorial, a tu amigo Pachi, que no te dejó sólo como otros, otras veces, y se atrevió a estar en la plaza.

Todo se repite: La arribada que vuelve a ser del partido que manda aquí; los versos de Sierra, el medallón y la presidencia de Aceba para Zequi; el Aral que espera ser inaugurado en su momento; y la villa a la que no se le detecta, o cuesta adivinársele, la conciencia de crisis, salvo en la cara tristona que escondía Sito bajo el tocado.

El proyecto de CP palpita en la oscuridad y él lo está buscando en cada rincón cada jornada. Imagino, porque ya hace mucho tiempo que no me mantiene al día. Es tiempo de creer, de tener fe extramuros de Santa Liberata. Charlie dejó huellas de libertad y buen rollo, aunque a veces le salía la mala leche. Baiona quiere volver a tener la Menéndez y las jornadas en el jardín olvidado de la biblioteca. Necesita que la trompeta de Amstrong vuelva a sonar en la Plaza del Concello, y que de vez en cuando su alcalde le despiste con algo nuevo, inesperado, auténtico; que le sellen Silleiro un día de viento en el cabo, que se hagan cosas cuando parece que nada se está haciendo, que es como Carlos hace las cosas, con un swing natural como el de Manolo Rial en el campo de Peinador.

Baiona busca intuición y oídos sanos, para que no se vuelva a repetir ese día triste de Pleno en el que un vecino abandonó el salón, ofreciéndote una paliza casi, porque le habías llamado buen hombre. Baiona precisa arribadas de libertad y creo que has aprendido un montón últimamente. Llámame de vez en cuando y cuéntame cómo va tu ánimo. Dime, convencido y rotundo, que ya podemos pensar en algo nuevo. En una villa sin tanto dogma, sin tanto partidismo ni sectarismo, una familia numerosa de hijos adoptivos. Las medallas y los abalorios para Susana, que es muy guapa y ponga lo que se ponga está divina de la muerte. Mucha escuela, mucha despensa, y un montón de candados al sepulcro del Cid.

Carmen Avendaño sale a la calle todos los días a retirar de las cunetas al hijo que no pudo, que se le fue. Todos hacemos algo por los demás, pero por nosotros, a partir de nosotros, y nos estamos pidiendo continuamente la oportunidad que, posiblemente, no vaya a retornar. Nos vemos al espejo por la mañana y salimos en busca de la mujer o el hombre detrás del reflejado, porque siempre nos encontramos la trampa. Siempre nos volvemos a leer. No nos creemos a nosotros mismos. Baiona pide a gritos que un día la relean: que las cosas empiecen a ser distintas. Ahora bien, todo puede pasar. Cierto.

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