J.G. Val Miñor
San Valentín recorre o debe estar surcando mi Val Miñor, sembrando reconocimientos de amor. La pluma castellanovieja de Sierra parte en sus últimas singladuras hacia el tintero para llevarnos su Arribada de Ribeira, en el pulso trémulo de un historiador cabal que está arriesgando inútilmente su sólida y bien ganada reputación de erudito del pasado, para que lleguen por la brava Rafa Lores o Xosé Enrique y lo machaquen, lo hundan con lo de llevarse comisiones por las telas y el tinto: un puñado de maravedíes, no jodas, que ni le van ni le vienen. Entonces llegará Almuiña y le consolará cuando las fiestas pasen, si es que ya se ha desencadenado de la Pinta y deja de obstruir las obras de los nuevos amarres y de reivindicar la historia de este pueblo metro a metro. Se va a soltar por voluntad propia o por la fuerza del sargento Pedro Alonso, que es como un segundo alcalde pero con la ventaja de que los primeros van y vienen y él sigue ahí, compaginando trabajo y sindicalismo codo con codo con su jefe, Tochi, con Mou, un hombre básico, y el más complejo y conspirador, Rafa Villar. Unos dirán, y no les faltará razón, que con escaso éxito; siempre pidiendo más medios humanos y materiales, para luego empapelar las paredes de la oficina al público de la poli con cutres recortes de una prensa cutre, que de vez en cuando le da cancha porque no tendríamos algo menos interesante que contar ese día.
Carlos de la Peña continúa haciendo rafting electoral por el Groba, porque sabe que este río se ha convertido por capricho de la naturaleza en el campo donde los alcaldables libran una de las batallas decisivas y simbólicas para hacerse con el bastón de mando después del 27-M. CP bajaba todos los días al Camiño Chico y aledaños en botas de agua aquella semana gris de finales de octubre, a bordo de la Atrévete cuando el barro helaba los corazones en Sabarís. Hizo muchas novias sin importarle edad ni condición, se enamoró hasta las cachas, y como es muy detallista desde entonces les manda postal y velita por Navidad, un mecherito en Reyes, y hoy posiblemente hayan recibido una carta de amor, lo más insinceramente electoral que le haya salido.
Almuiña piensa que la Arribada le va a dar un impulso y con ello puede hacer amigos y ganar votos, y se está fajando para que le salga una fiesta enorme, aparcando por unos días el Renault 11 de Duarte, que fue el que le curró realmente Sabarís. Una delegación de 200 personas parten de Palos para estar en los actos protocolarios, donde Baiona va a reconocer un nuevo hijo adoptivo. Para quedarse con el personal de cara al 27, CP manda velas y mecheros, y Sito va reconociéndole hijos, más o menos legítimos, a la villa por su labor en pro del cachondeo medieval, hilando fino para que no se cele Sierra.
CP va a hacer este sábado la cena anual socialista en el Rocamar y ha puesto cubierto a Mucha, la de Pesca galega. Allí rendirá homenaje a los jóvenes baionenses que están fuera del circuito cultural oficial al uso, a los que prometerá invitar a la bodeguilla cuando sea alcalde a jugar al billar y a que le alaben sus bonsáis.
Alfredo Rodríguez no está para sanvalentines este año en el que todo fueron rupturas. Además está chapando. El Groba ha dejado pinceladas de corazón. Almuiña lo captó en la rueda de prensa de Touriño. Me vio, subió las cejas y me sonrió. Pero yo no voy a votar a nadie, como siempre. Ya me dice Charlie: Alfredo, tu eres un francotirador.
lunes, 7 de abril de 2008
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