J.G. Val Miñor
Voy a la cena anual de los socialistas a Rocamar para ver como se luce CP, como sigue dando abrazos y ganando people. Con el corazón, claro. Se reconocieron a los jóvenes de Baiona, a los hijos de Juan Nadie, los Pérez, Fernández, Rodríguez, los cualquiera que un día decidieron corresponder a sus padres, que les estaban diciendo a gritos con su silencio, cayéndole lágrimas, que no querían que los que más quieren fueran como ellos, que los necesitaban mejores: que rompieran con, lo que llamó mi amigo CP, el hilo invisible, el de la falsavergüenza. Baiona espera que Carlos le ayude a saltar el charco del determinismo donde faenaron tantos siglos los viejos, llenos de angustia y miedo, para ser un pueblo más libre, más limpio, que cuando atraviese el puente de Ramallosa lo haga con paso firme y cabeza alta. Baiona debe dejar las historias castellanoviejas para entrar en la modernidad, ese lugar donde no tiene sentido encadenarse a la Pinta porque la muevan unos metros a la izquierda, Sito, hombre. Empezamos a sospechar que ahí había trampa.
Mosquera, José Luis, ahora dice que tenía pensado financiar con la pelas de la vergüenza urbanística a Movegondomar para ganar la cita del 27 de mayo, y de esta forma anclar a la villa condal un ratito más en el miedo, atándola con el hilo invisible. Siento miedo y rabia por ti, José Luis, que en algún momento me quisiste. Parece increíble que tú, que rompiste el hilo de la vergüenza cuando te tocó, te hayas dado cuenta tarde de que hay cosas que no tienen precio. Yo pensaba que debajo de la lana progre que luces desde lo inmemorial se refugiaba un tío con un par que leía a Capote en los plenos porque el debate ancestral le aburría, y estaba, en vez de tejiendo una estrategia de la miseria eterna con Manuel Núñez y Claudio Maseiro, pensando en nuestros viejos que un día con llanto nos pidieron que fuéramos distintos, mejores que ellos.
Soy un entusiasta del individuo, del ser radical, pero ello no me impide ver la cuestión social. El valle sigue anclado en el 98 y espera su regeneracionismo, aunque sea un siglo más tarde. Aguarda mi Miñor el relevo a años de avelenismo, de millarismo, de villarismo, de chichismo, de sestelismo, hombres que hicieron encaje de bolillos con un hilo invisible que anudaron al cuello de aquellos que no tenían esperanza y querían que al menos la tuviesen sus hijos. Como mi amigo Mosquera ahora, que me sorprendió y me dejó sin letras, sin palabras, y tuvo esta columna callada una semana. Los miñoranos ya van exigiendo a los gobernantes que salgan de la cita del 27 que les despierten de este sueño de malos urdido por esos que siguen empeñados en aparecer como los buenos.
Atravieso el puente de Ramallosa hundido en la noche camino del Rocamar, y en uno de sus márgenes, ríe y departe, inocente, Susana, que cada día está más guapa desde que vela por la legalidad en Baiona. Carlos no conocía a Antón Román que hizo la pieza con la que los sociatas obsequiaron a los jóvenes de Baiona por haber roto el hilo invisible del determinismo. Antón siempre se acuerda y nunca se olvida de felicitarme el año nuevo con un sms que no tiene precio, por eso me dolió mucho que CP no lo ubicara en su discurso, como creo que se merece. La Arribada ya está entrando y esta vez puede que traiga la noticia del cambio: unos años para ver qué nos proponen los que deben coger el testigo invisible. Hay traiciones que nunca se podrán pagar ni con todo el euramen cutrísimo de la corrupción inmobiliaria miñorana. Sabes que sigo llorando atado a lo indestructible, a lo invisible, aunque parezca que estoy hablando de ladrillo.
lunes, 7 de abril de 2008
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