lunes, 7 de abril de 2008

Más sudor y lágrimas ( I )

J.G. Val Miñor

Para que Baiona tenga un campo de golf tendrá que pasar por encima de mi cadáver. Eso fue lo que un día nos dijo Xosé Enrique Fernandez, que hoy se presenta como candidato a la alcaldía en la villa en un acto de estos en los que se arropa de todos sus homónimos a la redonda y alguna que otra gloria como Beiras, que aparecerá sin el piano con un poco de suerte. El arte en manos de un libertador es peligroso, y tampoco es arte.

Bueno, o sea que Charlie, CP ya para todos, mi amigo De la Peña, de llegar al gobierno y hacerlo en coalición con los nacionatas, que se vaya olvidando de ver al tigre Woods por los links baioneses, como mucho y con suerte a Manolo Rial de bombachos a la puerta de la jubilación forrándose a triples y dobles boggies.

Me da que Xosé sigue creyendo en la Baiona de transpiración: su modelo es continuar con la villa del sudor y de las lágrimas. Por eso lleva en su programa la creación de un polígono industrial. Xosé cree más en la industria que en los servicios, y en que Baiona siga trabajando duramente, oliendo a Rexona caducado; y no a Farenhait o a Eau Savauge, recién puesto y con tiempo.

Baiona, después de las jornadas de fiesta, enfila ya la última vuelta de la carrera electoral, y para ello los candidatos, los partidos, hablan de realidades como observatorios naturales, obras para evitar las riadas, y alguna crítica a la gestión económica del alcalde Almuiña, al que CP le vuelve a reprochar otro año su falta de gestión para avanzar en proyectos como depuradoras, museos, guarderías, etcétera; y claro, los recursos no se utilizan.

Se retrasa la villa, advierte la oposición. La villa lleva mucho tiempo retrasándose. El gran retraso de Baiona es la cabeza, las ideas, que son las de siempre y que, básicamente, son en las que quiere insistir Xosé, que ve a los ciudadanos levantándose cada mañana a la fábrica y llegando a casa molidos al final del día después de pasar por la guardería o el colegio a recoger a los chavales. Entonces fácil: se hace el polígono, la guardería y el centro de día.

La Baiona lúdica, iconoclasta y moderna, alejada de fundamentalismos ni sectarismos, vestida de Prada y solidaria a la vez, se la dejan a Charlie, que es el único que cree en ese modelo. Los demás sólo hablan de trabajo y sudor, de rosarios y coros de homes, de continuidad en definitiva, eso sí, salpicada de guarderías, centros de día y polígonos industriales, y fundamentalismos pro y anticlericales, y mucha Arribada y Virgen del Carmen cuando toca, una villa que sólo se asoma al balcón de Elduayen para ver la regata de traineras, o de traíñas, que puede que nos impongan el vocablo el politburó de Breogán.

Xosé presenta su lista cuando debía presentar su renuncia, y se lo digo con cariño porque me parece, y es, un buen tipo, aunque sus ideas caben en una pancarta casera hecha con prisa y sin pensar. Tal como se entrevén las cosas, puede que se convierta en el lastre del próximo mandato. Almuiña está callado jugando al contraataque, confiando en que la inercia del pueblo, más un par de retoques discretos y poco originales, le pueda hacer renovar alcaldía. Charlie es el único que intuye la modernidad y que puede retirar el miedo del cuerpo a Baiona. El, como ZP, es capaz de hablar de amor. Porque las guarderías y los centros día, sin amor, sin Eau Savauge, sin Capote, se quedan en eso, en servicios discretos para proseguir en la rutina. Y a Baiona la rutina le está costando la felicidad. La está amargando. Le está haciendo la vida más larga que a Manolo Rial la vuelta de hoy, que va forrándose de doble boguie en doble boguie, arrastrado por el campo de Peinador.

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