lunes, 7 de abril de 2008

El modelo

J.G. Val Miñor


Voy a tener que explicarme, aunque sea por encima, al haber hablado, o esbozado someramente, el modelo económico para Baiona, mi modelo económico y social, el cual, también dicho sea de paso, no debatí con Carlos de la Peña, ni tangencialmente, como alguien pudiera deducir, sino que me limité a lo de siempre, decir que a lo mejor no soy el único aquí que espera una actuación en esta línea del candidato a la alcaldía socialista que, hoy por hoy y siendo más prudentes que triunfalistas, debería tomar el gobierno de Baiona después del 27 de mayo con un horizonte de ocho o doce años y redimir a esta villa de sus enfermedades crónicas. No vaya a pensar la gente de Baiona y de mi valle que los quiero echar del paraíso. Más bien al contrario: me gustaría que la villa aprovechase sus cualidades idóneas, que la naturaleza le ha regalado, para ser efectivamente un lugar donde la gente pueda vivir y hacerlo con dignidad.

Baiona precisa un modelo político, económico y educativo-cultural nuevo, radicalmente nuevo. Tiene que retirar de la circulación la moneda que lleva funcionando desde siempre: la que por una cara acuña la misericordia, la pena, la opacidad y el caciquismo, y por otra la tradición más rancia, el fundamentalismo y la cortedad de miras. Hay que dejar ancestrales atavismos y perder el miedo a lo diferente. La economía, la política y la educación, como todo, es un estado mental. Baiona debe ser positiva, aperturista, sincera y aprovechar sus talentos. Creer en si misma, valorarse. Estas premisas cristalizarán en bienestar.

Baiona tiene que aplicar un modelo para Baiona. Esta villa no es Mos, ni Ponteareas, ni Tomiño, ni Allariz. Baiona es un capricho, un lugar al que le deben de sobrar novios; lo que pasa es que debemos arreglarnos un poco y pasar un tiempo delante del espejo estudiándonos. El gran futuro de Baiona no está en el pescado y mucho menos en la fábrica, sino en el turismo, los servicios, y en proyectar una imagen de calidad real . El PGOU tiene que contemplar todo esto. Hay que proponer una política que busque un crecimiento racional, preservando espacio para servicios públicos, zonas verdes, guarderías, centros para discapacitados y mayores, aulas para impartir conocimientos útiles, contemplar vivienda protegida en términos equilibrados que concluya por dar hogar en dos décadas a los tres o cuatro mil baioneses que lo precisan, pero al mismo tiempo crear un marco que entregue alicientes a los sectores emprendedores. La actividad privada es la que a la postre aportará la mayoría de los recursos necesarios para hacer realidad el modelo. Esto lo tiene que procurar la gestión local actuando conjuntamente las otras administraciones externas para desarrollar políticas de fomento adecuadas. Baiona necesita un casino, tal vez, cuatro o cinco hoteles de máximo nivel, tres o cuatro campos de golf, instalaciones que arrastrarían a una gran cantidad de visitantes al año, con la riqueza que ello supone. Hay que potenciar una buena red de restauración, de comercio de calidad, cursos de formación exhaustiva en materia de hostelería, para que los visitantes se sientan correctamente atendidos y satisfechos, porque tendremos un personal cualificado y como tal reconocido y retribuido en consonancia. Hay que promover más inglés y francés, no sólo gallego, para comunicar y entenderse mejor con los que llegan, y así sacar algo en limpio: una riqueza que no se cuantifica en euros y que nos será muy útil.

Necesita asimismo cuidar el aspecto náutico deportivo, con más plazas de amarre para que el aficionado a ello, que suele tener capacidad de gasto importante, piense en nuestra villa como escala; y lo hará por lo anterior, porque se encontrará buenos lugares donde comer, donde descansar, donde invertir su tiempo libre, donde hacer compras, disfrutando de un paisaje excepcional, de un clima benigno, y de un casco histórico que debe recuperarse y mimarse, porque es el marco idóneo, el foro ideal sobre el que va a rotar el modelo. También precisamos de ir hacia un modelo cultural alejado del localismo, que interese más allá del puente de Ramallosa. Y educar en la transigencia y el diálogo, en la creatividad.

De entrada, no estaría de más que los tres municipios miñoranos desarrollasen sendos Planes Generales en coordinación y que los gobiernos salidos de la cita de mayo se pusieran manos a ello. La Mancomunidad del Val Miñor puede ser una institución con una visión global, integradora, que actúe de catalizador. Los corruptos y los manipuladores a la prehistoria. Yo ya veo la Baiona que viene con CP vestido de Prada inaugurando complejos turísticos, guarderías públicas, viviendas de protección a tope sin listas previas, promoviendo el jazz, la Menéndez y la cultura, más turismo náutico, más vinitos en el casco antiguo, más vida, menos dogmatismo, menos sudor y lágrimas, nada de misericordia ni pena indigna. En definitiva, un pueblo adulto con un par. En el próximo correo electoral, si fuera CP, en vez de velitas o tal, distribuiría una copia de “Chocolat”.

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