J.G. Val Miñor
La media maratón es una mariconada, con todo mi respeto para los maricones, sobre todo para Capote, que lo descubrí en serio gracias a ”Cuentos Completos”, libro que me regaló mi novia poco antes de plantarme y dejarme sin sus pechos, porque el alma es otra cosa. Era un mensaje subliminal en forma de regalo. La media maratón también es un cuento completo, y todo el Val Miñor prepara ya la Vig-bai, desde Vilar, en pelotas, su colega Miguel que lo hace ya automáticamente y se pasa la vida corriendo, muy delgado, hasta Conchi Villar, socialista, que también me la crucé ayer por La Foz con mp3 enfundado entrenando a muerte. El Val Miñor ha perdido la vergüenza y sólo Carlos Silva me ha demostrado ser hombre de fiar aprobando inicialmente un PGOU in memóriam de nuestro buen amigo el capo Clemente, aquel ecologista miñornano entrañable y forzado.
Estaba paseando y me llamó Carlos de la Peña sorprendido de verme estirar las piernas una mañana sabatina por el valle. Carlos se sorprende por todo y nos sorprende con todo. El otro día fue a su penúltima misa, la del aniversario de la muerte de Águeda, esa niña que murió a manos de la ignorancia. Hay una moneda que no la saca del sistema ni el iconoclasta George Soros, que descabalgó a la libra de Europa. Por una cara acuña la violencia y por el anverso la ignorancia. La ignorancia y la violencia comen en la misma mesa. Carlos con sus misas lo que pretende es que las parroquias le pierdan el miedo, convencerlas de que cuando llegue a la alcaldía no les va a quemar las iglesias como un rojo del 36. Hoy en Santa Liberata, mañana en la parroquial de Baredo, pasado en la de Sabarís, y así hasta completar el vía crucis pre-electoral, dando confianza, queriendo decir: tranquilos, coño, tranquilos. Carlos es el Soros del Miñor y vive pegado a Bloomberg. Aquí, el que más el que menos, alberga que no nos defraude y que una vez de vuelta en la alcaldía retire de la circulación en Baiona la moneda de la ignorancia y la violencia, del miedo, de lo previsible y miserable, y ponga a cotizar la divisa de la imaginación y la modernidad.
Almuiña en cambio va a misa y nadie le echa de más ni de menos, y se enciende cada vez que ve en los bancos de los santuarios al socialista, porque piensa que es un hipócrita y lo único que quiere es levantarle votos. Baiona hace una media maratón, que es una mariconada total, mientras Carlos va a misa porque le gustaría creer, y porque tiene miedo a perder las elecciones, y entonces le susurra desde sus adentros a Dios que le dé la victoria el 27 de mayo y de esta forma le permita seguir creyendo en él. Sito invadió la calle, cuando la depuradora, sabiendo que este lugar siempre fue el templo de la izquierda -en Baiona, de Xosé Enrique y su colega de la asociación de Sabarís, sobre todo- pero se le veía incómodo dando golpes de pecho agarrado a una pancarta incendiaria para decirle al gentío no pasa nada, yo también reivindico, aunque muchos se olieron que aquello ya lo conocía de antemano. Almuiña es el representante local del FMI y no ha sido capaz de proponer una política más allá de los mimetismos, de lo esperado, de lo vulgar, donde siempre acaban ganando y perdiendo los mismos, sin emoción ni ilusión, y ahora lo que está haciendo es dormir la campaña electoral con los versos insufribles en castellano viejo de Sierra, que para eso van al pelo, y así ir consumiendo los días y acortarla a la mitad, como la Vig-bai, y aparecer a ultimísima hora por el Aral para hacerse la foto de impacto con las urnas a punto de abrir, porque calcula que será lo más rentable y no tiene mucho más que largar.
Alfredo Rodríguez llevó al último pleno una ordenanza para la poda y se la tiraron por que les pareció hasta un poco de cachondeo, hasta Aurora Carbajal volvió a la abstención, ya me diréis que tiene que ver con la futura candidatura a la alcaldía. Alfredo ni tuvo ni tiene nada que ofrecer a los ciudadanos, montó la empresa Ayuntamiento de Nigrán S.L, y quebró. Está liquidando. El último pleno mío como corresponsal recuerdo que lo pasé en Gondomar, y Mosquera se tiró el rato leyendo “Cuentos imposibles”, de Capote, mientras los demás discutían del sexo de los ángeles. Y en mi móvil ya habían dejado de sonar los sms de mi ex que tanto nos emocionaban. Ella lo niega, pero me engañó.
lunes, 7 de abril de 2008
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