martes, 8 de abril de 2008

Xosé Enrique

Xosé Enrique fue el que mejor vio el tema de la doca, de la bronca de la doca. En vez de montar en cólera como Don Jesús, dijo algo mucho más amable, algo así como que estaba seguro de que lo que le pasaba a Jacinto, el jefe de Portos, es que no conocía exactamente lo que era la doca para los baioneses. Todo un punto, Xosé.

Al final, como era lógico, la reacción volcánica del alcalde se la había podido ahorrar porque nadie pensaba en hacer eso que el creyó en el espigón de protección baionés. Un fallo del regidor, una salida de tono, después de un largo tiempo de calma. Fíjate que hasta los de la plaza le pusieron un papelote delante de sus narices en el pleno y ni se inmutó. Pero un día malo lo tiene cualquiera y hay que retomar esa senda de talento, querido Almuiña.

Creo que, volviendo a mi amigo Xosé, es el que más ha vivido y entiende mejor de qué va Baiona. Se conoce el nacionalista todos los rincones, todos los patios de atrás de la villa; se conoce, ya hemos dicho, muy bien la muralla de Monte Boi, y por supuesto que la doca.

Cuando fue concejal de Tráfico en el gobierno de Carlos se puso bastante tarasca, porque no estaba acostumbrado a gobernar y se le veía más entrenado para hacer de oposición de lo que fuese y como fuese, desde que se curtiera con la careta de pirata antifiestorro medieval con el que quemaba al incombustible Manolo Villar..

Un día lo pillamos mal aparcado y lo sacamos en el periódico, para que no pusiese tantas multas, que nos iba a dejar sin un pavo. Pero se enrollaba con los papelitos amarillos, y se los llevabas y te sacaba la multa, advirtiéndote que la próxima vez te empuraba, pero con poco convencimiento, porque es un gran tipo.

-Xa é a segunda o a tercerira vez que me ves co papel, Alfredo. Na siguinte o levas claro.
-Veña, déixate de karalladas, Xosé, que estou chollando.

Xosé es un baionés de gran calado y un hombre que ha contribuido también a esa memoria subacuática, como todos. Baiona se despierta después de la bulla de la doca y retoma la tranquilidad gracias a Xosé.

Muchas anécdotas nos ha regalado al personal Xosé Enrique, el bueno de Xosé, desde que llegó a la corporación haciendo equipo con Socorrito, que un día se enfadó muchísimo cuando le dio la palabra otro histórico, Chicho, en un pleno:
-Hable usted José Enrique
-Aquí no hay ningún José –le replicó Socorro antes de que Xosé tomase la palabra-

Xosé es un tipo al que se ve casi siempre feliz, y si te cruza desde la furgoneta te da un bocinazo y un grito para saludarte fugazmente. Este tipo sí que ama a Baiona, y lo hace lo mejor que puede. Xosé nunca traicionó a nadie ni a si mismo. Y ahora, entrando en su madurez política, lo veo más en la onda que nunca. Ya que la villa va a seguir igual por una larga temporada, en Xosé podemos encontrar lo más auténtico del pueblo. Habrá que estar atentos porque está en racha. Si me dejaran, lo haría alcalde mañana, aunque nos iba a martirizar con el gallego y con su cruzada antigolf, una vez que lo de aparcar ya lo entendió. Un abrazo, Josito, nacionalista baionés.

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