lunes, 7 de abril de 2008

Paz social (I)

J.G. Val Miñor

Efrén Juanes y David Giráldez, o sea socialistas y nacionalistas de Nigrán, piden ahora paz social y que el juez paralice el proceso que puede acarrear multas de tres mil euros para unos treinta vecinos denunciados por montar la bronca el 2 de junio cuando a pedradas retiraron el PGOM de Alfredo Millares Rodríguez, ese alcalde que ha perdido el norte, si es que algún día lo encontró, y al que siempre le queda una penúltima por hacer. Como el otro día, que inauguró la guardería infantil municipal sin muebles, sin personal, sin jardín, sin nada, solo paredes, una de ellas para pegar la placa inaugural que al parecer ya la han arrancado.

Piden Efrén y David que se recupere la paz social, algo así como el silencio de los lobos que aquel 2 de junio bajaron de nuestras sierras y dejaron el consistorio sin un cristal por romper, prácticamente. El Val Miñor continúa en lo mismo, es decir, el debate eterno entre el silencio de los corderos y el de los lobos: de los que asumen la injusticia porque sí y porque algún día ellos también acabarán aplicándosela a otros, y el de los que a falta de saber manejar argumentos lo hacen infligiendo la razón de la fuerza que es la mayor de las sinrazones.

El valle tiene un gran agujero negro de educación y civismo, y la sociedad en general, y por ahí se desangró, desangra y desangrará. Una precariedad que nos está costando mucho más que tres mil euros, que es el chocolate del loro para unos, o la ruina para los que tenemos como único realmente consistente la pobreza y la precariedad.

Es tiempo electoral y los partidos equipan con banderitas a sus defensores para que acudan a blandirlas a los diferentes actos. Se les pone la banda musical, se les convierte en tribu y se les asegura que, esta vez sí, ellos saldrán ganando porque se va hacer lo imposible desde lo imposible. Después llegan los obstáculos y siempre aparecerá una disculpa que a algunos les dé aire para alimentar la esperanza. Nadie habla claro en el valle ni en ninguna parte. Esto es miserable. Falta educación y honradez. De nadie te puedes fiar.

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