J.G. Val Miñor
Isabel Domínguez, que de entrada tiene el nombre que tuvieron mis dos primeras novias de instituto y facultad, de pubertad y adolescencia, y que cuando les escribía artículos desde Mediodía Grande, La Latina, Madrid 1981/82, hace tiempo, cierto, les llamaba Isamor; digo, que la Delegada de la cosa Territorial Gallega pontevedresa acaba de comunicar este martes que abandonaba el seno de la comisión para luchar contra las riadas porque el alcalde Almuiña no le da demasiada bola, que no le pone los terrenos a disposición del departamento para tender los puentes de A Granxa y O Muiño, y entonces eso para la socialista es perder el tiempo y se abre. Una reacción muy Isa, que es directa y no soporta el alma cincelada a base de posponer, de repensar o hacer que repiensa las cosas, del regidor baionés, del delegado de la clase de esa villa, que siempre elige no hacer antes de pasar a la acción y equivocarse a las claras. Almuiña cree que el tiempo siempre termina dándole la/su razón a base de que los demás actúen, yerren, para inmediatamente apuntarlos en el encerado y que llegue el profe y le diga: bien Sito, gracias, ya puedes volver a sentarte en tu pupitre; y usted, Isabel, fuera, al pasillo.
Almuña es el alma opuesta de Carmen Avendaño, presidenta de Érguete, que esta mañana firmaba un convenio con una empresa pública para que las más de dos mil ánimas que anima a salir de la ruina, de la fatalidad, del destierro social, puedan ir haciéndose con un trabajo y retomar el pulso del tiempo, de su vida. “Los problemas hay que ir a buscarlos, nosotros salimos a la calle, llegamos a esa gente y le tendemos la mano, le decimos, oye, te podemos ayudar”. Carmen, esa zarina republicana y roja de Lavadores, es un volcán que vive precipitándose, llegando antes que nadie porque cree que el tiempo que se pierde no vuelve, o mejor dicho, nunca se va y te está pasando factura todos los días. Hay gente marginada que perdió el tiempo por malas decisiones, que realmente no es perder el tiempo, y lo está pagando muy caro; pero hay otros que han nacido en el lado donde el reloj nunca se puso en marcha, mamaron en los senos de la marginalidad que dan leche fría y cortada, y lo tuvieron casi imposible para crecer. Carmen va a buscarlos, nos dijo, y yo me puse en su lugar y se me encogió el alma.
En Nigrán los socialistas todavía no encontraron el alcaldable para la cita del 27-M. Ahora puede ser que repita Manolo Rial, que se inclinen por Juan Antonio o que meta baza Efrén Juanes que quiere optar también al bastón de mando. O sea que están haciendo una cala para ver qué les dice el oráculo de la estadística electoral. Digan lo que digan los números, el tiempo es el tiempo y a Rial ya le pasó el tren por una alcaldía en minoría, pero le pasó, al fin y al cabo, como también le pasó a Juanes que tiene rictus de haber mamado mucha leche cortada en aquel despacho que le habían puesto entrando en el consistorio a la izquierda y que terminó agriando su optimismo, sí es que alguna vez se tomo esa licencia. Juan, en cambio, puede ser un regidor por hacer, muy rescatable, un hombre/niño que se crió sin resentimientos ya desde el serón. O eso parece, que tampoco es que lo conozca de mucho, pero me da ese pálpito.
El tiempo urge al valle que vive un invierno que es eso, invierno, por muy bonito que lo dibujes. Almuiña pide proyectos de los puentes ya, leche, de una vez porque, de lo contrario, cómo va a poner los terrenos a disposición de Isa. Esta, va, no se lo cree y se da el piro de la comisión de las riadas de Sabarís porque se niega a perder el tiempo. Xosé Enrique, que está en todo y ve como el tiempo pasa para todos menos para él, vuelve a amenazar con salir a la calle a escenificar otra mani, que es una forma de que no pase el tiempo para él. Mientras esté en la calle detrás de una pancarta, mientras crea que vuelve a la lucha, aunque sea en la batalla más absurda de una guerra absurda como todas las guerras, el tiempo para él no va a pasar: es su mejor cosmético, y está convencido de terminar sus días bronca va, bronca viene. Carmen me heló el corazón porque sabe que los resultados de su empeño son pocos, escasos, pero se amarra a ellos uno por uno, sabiendo que lo más sagrado de todos empieza en cada cual. Y va a buscar los problemas, sin tiempo que perder, porque ya ha visto como se le acabó el tiempo en sus brazos a más de uno. Para Nigrán yo prefiero a Juan que a Manolo o a Efrén, aunque probablemente no tomen los sociatas mi consejo. Se grieta el tiempo en el Val Miñor, o el tiempo grieta al valle. Y los políticos preparan sus espátulas para restañar las heridas de campaña electoral después del 27 de mayo: las pintan, las hacen atractivas. Por cierto…¿qué será de las que un día fueron mis isabeles en aquel Madrid de Rockola?
lunes, 7 de abril de 2008
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