lunes, 7 de abril de 2008

PGOM in memóriam

J.G. Val Miñor

El gobierno de Carlos Silva, o sea prácticamente el 90 por ciento el propio Silva, que aunque en el pueblo se le quiera etiquetar como un regidor débil, una marioneta, de eso nada, y fijo que los tiene bien puestos y ni Mosquera ni Gómez mandan más que él ni le imponen nada. Pues eso, Carlos ha decidido restituir el honor de los Clemente y especialmente hacerlo en memoria del jefe, Antonio Clemente, que nos dejó hace ya un par de años de un cáncer fulminante.
A este hombre le llevó a la tumba su lucha por hacer urbanizable el fincón de más de cien mil metros cuadrados que poseía entre las riberas protegidas del Miñor y la carretera que une Ramallosa con el centro gondomareño, acumulado a lo largo de muchos años, comprando palmo a palmo a un mogollón de propietarios, cada uno de su madre y su padre, para al final componer un puzzle que le llevaría a la tumba. Hace diez años o así, con Ramón Sestelo en la alcaldía gondomareña, Clemente recibió una oferta de algo más de 300 millones por su finca por parte de un promotor en buena sintonía con el gobierno local, oferta que le llegó precisamente de la mano del regidor, que le insistió en vender. Me lo había contado una tarde en Vilanova de Cerveira, cuando iba con su santa del gancho y uno con los niños, muy majaderos, de finde divorciado. Pero el capo entrañable entendió la oferta una burla, mas bien, y se negó. Aquello formaría parte de un acuerdo que iba unido a permitir al Concello la compra de los terrenos para una depuradora, que finalmente se instaló en su finca, además del paso de un nuevo vial hasta Donas. Carretera y planta depuradora allí están pero su terreno todavía estaba afectado en su totalidad.

La familia me lo explicaba: “mira, a él lo mató Sestelo, porque el bicho, como decía, ya lo tenía dentro, pero fue ese señor el que se lo despertó”. Después llegó Silva a la alcaldía, y Clemente no dejaba de visitarlo a cada rato para hablar de su libro, de título “Convenio Clemente” y subtítulo “Historia de una palabra incumplida”. Me cruzaba con él y me decía sin preguntarle:
-Tranquilo Alfredo, que vas a ser el primero en contar todo esto, el que vas a saber toda la verdad, pero dame algo más de tiempo.

No hubo tiempo para Antonio, que murió convertido en el Costeeau o en el Rodríguez de la Fuente de Gondomar, cuidando de toda la fauna y la flora de río, de las aves migratorias, de aquel animal que escogía su finca para asentarse o cruzarla, pero claro, obligado. Ahora Carlos Silva y su gobierno incluyen el Convenio Clemente en el PGOM que permitirá urbanizar el terreno de la familia y otros anexos. La lucha de este capo con boina al que quisieron convertir en ecologista por cojones da sus frutos. Silva no defraudó a Clemente, con el que tantas mañanas compartía penas dando largas y templando gaitas. La planta depuradora y la carretera ya funcionan, y ahora se anuncia la nueva ordenación para el terreno. Clemente gano mi corazón y este PGOM in memóriam me hace feliz. A las avutardas, los cormoranes y las culebras de río espero que también le hagan su espacio porque seguro que el capo Clemente ya empieza a extrañarles allá arriba.

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