lunes, 7 de abril de 2008

La carrera electoral

J.G. Val Miñor

Coalición Miñorana debe estar preparando una carrera. “Estoy entrenado una maratón”, dice su jefe, entrecortada la respiración, y ni se puede parar Manolo Vilar este domingo cuando me lo cruzo por La Foz., de amarillo, casi en pelotas, por ese paseo que existe gracias a Avelino Fernández, eso dice al menos, y siempre suelta que se emociona cuando ve pasear por ahí a los paisanos del valle conversando a un seseo asidos, obra gestionada cuando él era alcalde de Nigrán, cuando la derechona, que diría Efrén Juanes, terrenos que los nigranenses pagaron a Tranvías tarde pero mucho más caros por la tardanza arrastrada por tanto magreo político.

Sí, Juanes, el que estos días ha estado saliendo en los papeles zurrando al anterior gobierno PP-PINN por la pérdida de la subvención que desde la Diputación se aprobara para urbanizar Monteferro, después de que él mismo la derribara y la cuestionara en el pleno provincial. Venga, que haga lo propio con el proyecto de humanizar Rans, que lo vapuleó inhumanamente hasta enterrarlo, porque había una temporada que este señor cada vez que iba de diputado por Pontevedra temblaba el valle. Socialistas y nacionalistas deben estar contentos por parar aquella barbarie que quería borrar de un plumazo el único solar virgen y natural de la costa gallega, si es cierto lo que decían desde la Plataforma Salvemos Monteferro, que abrieron un sitio en internet y tenían un montón de visitas, probablemente autovisitas repetidas, y en Margarita Ellesppe su musa y en el rudo Manuel Alejos su látigo iletrado.

El delegado de la clase de Baiona, o sea Almuiña, porque este alcalde responde más a la idea del alumno de gafitas aplicado y aburrido, ese que el profesor deja responsable del aula cuando va al baño o así para que se chive de quien monta bulla y lo apunte en el encerado. Digo, que Sito no sólo se ha cargado al independiente Chicho sino que agarra y le deja sin uno de sus temas del que es que un erudito, a saber, el Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico Artístico, el PEPCHA, y anuncia la contratación de la redacción de uno nuevo. Almuiña retiró al independiente del equipo de gobierno y ahora le desprovee de uno de sus activos esenciales cognitivos e intelectuales al que se refería en foros públicos como el PERCHA. Chicho va quedándose colgado del PEPCHA/PERCHA, de la vida pública baionesa después de protagonizar dos décadas de política, dos décadas ominosas, con momentos para los anales como el arresto de la vaca o sus discursos plenarios desnortados que le emparentaban con Cantinflas.

Mientras, De la Peña reparte claveles, rojos, of course, por Baiona y de finde, con mensaje acoplado pidiendo la guardería infantil gratuita ya, jodido porque es un proyecto que él mismo dejó casi hecho, e insiste en que ahora el delegado de la clase lo tiene paralizado a pesar de llevarlo en su programa electoral el PP. En Baiona ser rojo y socialista, o mejor dicho, ser rojo y de Carlos, empieza a vender a pesar de todo. Carlos es un rojo que viste de Prada cuando toca y no levanta sospecha en la patronal moderada ni en el subconsciente parroquial siempre conservador de este pueblo, no como Vilar que va de amarillo chillón por La Foz rompiendo la tranquilidad y la armonía de la mañana dominical, con unos pantalones tan cortos que es que como si fuera medio en pelotas. Carlos quiere ser el hombro de un pueblo que necesita algo donde apoyarse y tiene la responsabilidad de hacerlo por sí sólo, porque los demás, tanto los que están con él o contra él, están lejos y son pasado/pasado. Y va por la calle saludando a todos, abrazando a quien pilla por delante y esparciendo sonrisas elegantes con la esperanza de volver a la alcaldía y que Baiona tenga al fin un regidor más cerca de Alonso Quijano El Bueno que de una idea de orden rancia que tiene a este pueblo acojonado, paralizado, sin pulso, callado y que tan bien representa el doctor Almuiña, ese delegado de clase triste y contumaz que salvó la vida a Quico con un masaje cardíaco después de bajar de alcaldía escopetado cuando oyó un grito: “un médico, que venga un médico”.

Mi amigo Vilar se prepara para una maratón a tope por La Foz y a Chicho le sepultan el Plan del casco antiguo, del que por desconocer hasta desconocía su nombre. Avelino, que tiene un cuerpo de jubilado de gym, viaja en guagua por Las Palmas con sus camisas hawaianas en busca del tiempo perdido que siempre suele guardar una mujer joven, probablemente perdiendo los papeles con otra lolita. Almuiña apuntó en el encerado a Chicho y su PERCHA pero en cambio la guardería infantil no corre y eso que se necesita. Carlos, mi querido Carlos, que va a ser alcalde pese a todo y a todos, va dejando su hombro para que Juan Nadie se apoye sin darse cuenta de que al final se lo va a creer, va a querer, y va a terminar sufriendo. Solo se sufre por lo que se quiere y Charlie De la Peña puede llegar a querer a Baiona si sigue con tanto roce. Me deja en Tragsa y se va, y yo te deseo suerte.

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